Enajenada a las cosas
cambio piel por ojos,
busco un golpe en la puerta
que desate caos.
En la otra habitación
se mueven las cortinas,
se arman las palabras
hasta colapsar la lengua.
Me olvido
del color de mi nombre.
Azul azul
eureka azul.
No recuerdo
el día que hundí
la carcajada en la pared
esperando que esta casa
me sepulte
de la manera más absurda,
una deconstrucción
de cimientos roídos
por el odio de las personas
que construyen
muros en sus camas,
de sábanas
de agujeros negros.
Atontada de lucidez
encuentro,
entre los pliegues de luz,
el sol de la mañana
o la expresión amanecida
de una noche larga.
Nos llaman a comer
como cuando niños;
yo observo,
cómplice,
el espectáculo de cada día.
Y es esta estaticidad
virulenta
fiel adormecimiento
que nos arrastra hacia la mesa
en la que las manos ya no comparten
no los cuerpos dicen verdades.
Vuelvo luego
nadando por las escaleras
hacia mi habitación
de mujer niña
creyendo que tal vez
salga de este abismo
de esta invasión de otredades
en la que ahora
soy madeja
y mañana
imposibilidad.
Otra vez
la ropa planchada,
la estufa en su temperatura justa.
Me observo en el espejo,
con mis uñas
rasco las paredes,
Tan así será
enajenada a las cosas
atontada de lucidez.
miércoles, 24 de agosto de 2016
lunes, 18 de abril de 2016
de corazón a corazón
El primer renglón
de una sinfonía certera
cuenta tiempos,
tiempos que se hacen recuerdos.
Las ventanas insisten
en un cielo gris
mientras los aviones
siguen pasando
en un loop rutinario.
Cuántas veces,
cuentan canciones.
Cuántas tardes
para construir recuerdos.
Que no me venza el olvido,
cuento tiempos.
Pero ahora
que no espero nada,
le escribo
al momento perfecto,
un instante
que se une al otro,
que se adjetiva simple,
que pide permiso
como las baterias en Bill Evans,
como la noche
a esta tarde
que fue todo el día,
traída en una luz tenue
que nos demora
en el silencio
de palabras.
Sólo la voz
dentro nuestro
inunda este departamento.
Sólo el roce
de nuestras pieles
acariciándose,
cuántas veces
cuántas canciones.
Desde el suelo
hacia los sillones,
la cama,
con medio cuerpo fuera
y un viento rebelde
que nos tiene deseando
la lluvia,
el ruido del agua
al caer.
Cuántas caídas,
ya sabemos caer.
Todos los ángulos
me ofrecen
la misma visión.
desdedentrohaciaafuera
desdeafuerahaciadentro
de corazón a corazón
Roza una mueca,
la abrazamos con ternura.
Tan audaz
esta comunicación de complicidades.
Tan certeras
nuestras pluralidades,
nos nadan envolviéndonos.
Cuántas veces cuántas canciones.
el primer síntoma de la desaprensión,
comparecer ante sus ojos
sin claudicaciones
sin escuchar razones ni caprichos
Al fin de cuentas
también somos
aquello a lo que nos abandonamos
aunque sea por un rato,
un viento volátil
que mueve las hojas
y las ayuda
a caer viajando.
martes, 16 de febrero de 2016
Consonantes
Es la hora
en la que todos
se despiden
y vos
dejas los apuntes
sobre el escritorio,
una razón
para ir a la cocina
y no pensar
en el cuchillo.
El café
está preparado
de un día
después de anteayer,
sabe a un día
con diferentes
consonantes.
La cuchara
remueve la nata;
muesca de asco
y azúcar,
como el ritual
de ponerte cómoda
de vuelta al útero
de la madre
de la sábana
de la desnudez.
Si no se vuelca,
algo siempre queda
en la taza,
y así pretenden
leerte el futuro
de migajas recortadas
de los recuerdos
y de aquello
que nunca terminas
de tragar.
Las gotas
que recorren
tus mejillas
ya me parecían
que tenían
gusto a café.
en la que todos
se despiden
y vos
dejas los apuntes
sobre el escritorio,
una razón
para ir a la cocina
y no pensar
en el cuchillo.
El café
está preparado
de un día
después de anteayer,
sabe a un día
con diferentes
consonantes.
La cuchara
remueve la nata;
muesca de asco
y azúcar,
como el ritual
de ponerte cómoda
de vuelta al útero
de la madre
de la sábana
de la desnudez.
Si no se vuelca,
algo siempre queda
en la taza,
y así pretenden
leerte el futuro
de migajas recortadas
de los recuerdos
y de aquello
que nunca terminas
de tragar.
Las gotas
que recorren
tus mejillas
ya me parecían
que tenían
gusto a café.
miércoles, 10 de febrero de 2016
Repeticiones
A veces sigo vientos,
a veces digo sombras
y cuando quiero ausentarme
simplemente
retomo la historia.
Salgo cerrando puertas,
haciendo ese ruido
apenas
de pasos que se alejan
del lugar estático
desde donde
este poema comienza.
Describo solemne
recovecos en los besos,
bostezos de trenes lentos
y un abrazo partido
que se encuentra de nuevo
cuando el sol se oculta.
Me muevo
entre charlas lentas,
el cigarrillo
se me desarma
en una risa
y no puedo evitar
que los días sucedan
en horas impares,
que se salteen dudas,
y que,
como por arte de magia,
mi voluntad sucumba
al ensoñamiento.
Verano que en mi cabeza crea
melodías que me arrastran
al origen de todo sentir,
contemplo la tarde
para nunca olvidarla,
izo mis velas
para no naufragar,
y recuerdo tu pelo
como ningún otro pelo
y me quedo pensando
en tu imagen
sobre el marco de la puerta
que no pude cerrar
mientras me dejaba caer flotando
por las escaleras
y recorría con mis dedos
los dibujos de las paredes,
las fotos colgadas
entre las cosas.
Y canto espectros
y siento nombres que regresan
a saludarme
y preguntarme cómo estoy.
Y yo que les digo
que a veces
espero repeticiones,
y sigo vientos
y digo sombras
y apago faroles
como si fuese
un capricho del azar,
una coincidencia
de la pura magia.
a veces digo sombras
y cuando quiero ausentarme
simplemente
retomo la historia.
Salgo cerrando puertas,
haciendo ese ruido
apenas
de pasos que se alejan
del lugar estático
desde donde
este poema comienza.
Describo solemne
recovecos en los besos,
bostezos de trenes lentos
y un abrazo partido
que se encuentra de nuevo
cuando el sol se oculta.
Me muevo
entre charlas lentas,
el cigarrillo
se me desarma
en una risa
y no puedo evitar
que los días sucedan
en horas impares,
que se salteen dudas,
y que,
como por arte de magia,
mi voluntad sucumba
al ensoñamiento.
Verano que en mi cabeza crea
melodías que me arrastran
al origen de todo sentir,
contemplo la tarde
para nunca olvidarla,
izo mis velas
para no naufragar,
y recuerdo tu pelo
como ningún otro pelo
y me quedo pensando
en tu imagen
sobre el marco de la puerta
que no pude cerrar
mientras me dejaba caer flotando
por las escaleras
y recorría con mis dedos
los dibujos de las paredes,
las fotos colgadas
entre las cosas.
Y canto espectros
y siento nombres que regresan
a saludarme
y preguntarme cómo estoy.
Y yo que les digo
que a veces
espero repeticiones,
y sigo vientos
y digo sombras
y apago faroles
como si fuese
un capricho del azar,
una coincidencia
de la pura magia.
viernes, 29 de enero de 2016
Paseo
Te escapas
desde la orilla
hacia los filos
de rocas lejanas.
Danzas
en olas de agua dulce.
Le agradeces
a la montaña
la inspiración ruidosa.
Te observo
en esta imagen mental,
el canal de colores
que me dibuja
toda la naturaleza abrupta
y tus contornos fértiles.
Recorto,
de tu perfil,
pequeños asombros,
ternuras,
extrañamientos,
pausas que hacen
que tengamos
los mismos pensamientos.
Amanece
y es irremediable
que yo también
me cruce de orilla,
olas de cemento y tierra.
Suplican
nuestras voces
un rato más
en el idilio restante.
Quedamos solos,
que la mitad del camino
nos encuentre;
un paseo
de misterios ansiados.
desde la orilla
hacia los filos
de rocas lejanas.
Danzas
en olas de agua dulce.
Le agradeces
a la montaña
la inspiración ruidosa.
Te observo
en esta imagen mental,
el canal de colores
que me dibuja
toda la naturaleza abrupta
y tus contornos fértiles.
Recorto,
de tu perfil,
pequeños asombros,
ternuras,
extrañamientos,
pausas que hacen
que tengamos
los mismos pensamientos.
Amanece
y es irremediable
que yo también
me cruce de orilla,
olas de cemento y tierra.
Suplican
nuestras voces
un rato más
en el idilio restante.
Quedamos solos,
que la mitad del camino
nos encuentre;
un paseo
de misterios ansiados.
jueves, 10 de septiembre de 2015
Preámbulo. Libración.
A Dani
y a su hermosa influencia.
No la miro porque no hay motivos para entenderla e hilarla con trabajosa paciencia.
No la pienso,
no la siento.
Huyo de ella como si huyera de mi sombra,buscando otras luces que no se le asemejen, que no describan sus contornos letales,
si ella es toda nada, efímera, esquiva,
Huyo, de ella,
en colectivos y trenes, recorriendo espacios, dormida, despierta,
cavilando si debajo de mi ropa o de las sábanas que son océanos,
cavilando si debajo de mi ropa o de las sábanas que son océanos,
ella no pueda llegar a rescatarme.
No me doy cuenta del paisaje, ni de las personas que se sientan a mi lado;
se levantan y se van, tal vez, también, abstraídas con sus lunas.
No la manifiesto,
no sé si está escondida, si es momento de que vuelva a brillar.
Medianoche de cosas que no desaparecen sin dejar un rastro,
ella sentencia un deseo póstumo.
Por eso la desovillo para que nunca se alce llena,
ovalo pesadillesco, hermoso.
La vuelvo a armar con esa paciencia que se le tienen a las cosas frágiles,
despojándome de ansiedades,
construyendo el eje por el cual giro en torno a ella.
construyendo el eje por el cual giro en torno a ella.
Soy su aura, su fantasma. Su cara,
su roca helada
,y no la miro porque …
A veces salgo al balcón y me encuentra de frente o de espaldas,
obligándome a darme vuelta y a contemplarla con esa luminiscencia prestada que ralentiza todo.
obligándome a darme vuelta y a contemplarla con esa luminiscencia prestada que ralentiza todo.
De vez en cuando las pequeñas maravillas que interrumpen el silencio, sombras de luz plateada,
le dan comienzo al ritual,
y suspiro.
le dan comienzo al ritual,
y suspiro.
Soy su montaña,
el cielo y la tierra que no posee.
Y ella,
me deja ser el momento a través del cual yo imagino todo esto.
Me deja hablar con estas palabras que son suyas,
que rebotan para siempre en los labios y en las manos, y suenan y suenan;
que rebotan para siempre en los labios y en las manos, y suenan y suenan;
me oculta de lo que creo ser; me devuelve
con la cara estúpida, desencajada
haciéndome trizas la razón;
me trae austera,
llena de esperanza,
y no la miro porque no quiero amar ese fulgor que pronto será oscuridad,
no quiero atarme a su vértigo y que me deje desamparada,
cayendo sin remedio
en la órbita de su influencia.
domingo, 12 de abril de 2015
VII Cuarto menguante
Cuando te veo me gusta imaginar que vos también la buscas a
Cesárea Tinajero,
que venís con el ánimo de arrastrarme hacia los negocios de
las galerías antiguas
como si fuese un ritual que solíamos hacer en nuestra
infancia,
y ahora no fuésemos más que niños comunicándonos con el
lenguaje del asombro.
Y aunque nunca sé qué va a pasar, salvo esta desazón,
me gusta que retumbes en todas las paredes,
volver cansada del día
y tener que inventar estas letras para hacer que te vayas.
Abro mis ojos a la noche y vuelvo a pensar
en esos primeros besos entre rascacielos y sótanos,
sentada en una escalera, sobre el río,
o en la esquina de
una calle cualquiera después de tanto caminar.
Cómo me veo a mí misma desnuda sin conocer el cuerpo que
visto,
absorta entre los objetos que te representan.
Cómo me vuelvo sola después de kilómetros de todo y nada.
Sigo la sombra de tus ojos,
sigo los pasos que me distancian de tu cuerpo.
Cuando cruzo se anula mi nombre,
y soy el pájaro y la jaula,
y me espanta lo fácil que es dejarse caer queriendo.
Y aunque sólo seamos estatuas o jardines roídos,
en nuestras bocas suceden tempestades en las que nos
despegamos los rostros,
en las que nos alejamos de leernos con las manos,
y nos damos el
privilegio del adiós.
Me anticipo a preguntarme si lo que hay entre nosotros es
crueldad,
pero tu letra me impugna,
me dice que no podrías contestarme con este viento,
no mientras lleve mis cuadernos como vicios,
como cosas bonitas en las que pretendo hacer del tiempo un
concepto en desuso,
y por los que entiendo que todo lo que aprendemos con
certeza del amor
son sus formas de destruirlo.
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