viernes, 29 de enero de 2016

Paseo

Te escapas
desde la orilla
hacia los filos
de rocas lejanas.
Danzas
en olas de agua dulce.
Le agradeces
a la montaña
la inspiración ruidosa.
Te observo
en esta imagen mental,
el canal de colores
que me dibuja
toda la naturaleza abrupta
y tus contornos fértiles.
Recorto,
de tu perfil,
pequeños asombros,
ternuras,
extrañamientos,
pausas que hacen
que tengamos
los mismos pensamientos.
Amanece
y es irremediable
que yo también
me cruce de orilla,
olas de cemento y tierra.
Suplican
nuestras voces
un rato más
en el idilio restante.
Quedamos solos,
que la mitad del camino
nos encuentre;
un paseo
de misterios ansiados.

jueves, 10 de septiembre de 2015

Preámbulo. Libración.





                                                                               A Dani 
                                                                               y a su hermosa influencia.







No la miro  porque no hay motivos para entenderla e hilarla con trabajosa paciencia.
No la pienso,
no la siento.
Huyo de ella como si huyera de mi sombra,buscando otras luces que no se le asemejen, que no describan sus contornos letales,
si ella es toda nada, efímera, esquiva,
Huyo, de ella,
en colectivos y trenes, recorriendo espacios, dormida, despierta, 
cavilando si debajo de mi ropa o de las sábanas que son océanos,
ella no pueda llegar a  rescatarme. 
No me doy cuenta del paisaje, ni de  las personas que  se sientan a mi lado;
se levantan y se van, tal vez, también, abstraídas con sus lunas.
No la manifiesto,
no sé si está escondida, si es momento de que vuelva a brillar.
Medianoche de cosas que no desaparecen sin dejar un rastro,
ella sentencia un deseo póstumo.
Por  eso la desovillo para que nunca se alce llena,
ovalo pesadillesco, hermoso.
La vuelvo a armar con esa paciencia que se le tienen a las cosas frágiles,
despojándome de ansiedades, 
construyendo el eje por el cual giro en torno a ella.
Soy su aura, su fantasma. Su cara,
su roca helada
,y no la miro porque …
A veces salgo al balcón y me encuentra de frente o de espaldas,
obligándome a darme vuelta y a contemplarla con esa luminiscencia prestada que ralentiza todo.
De vez en cuando las pequeñas maravillas que interrumpen el silencio, sombras de luz plateada,  
le dan comienzo al ritual,
y suspiro.
Soy su montaña,
el cielo y la tierra que no posee.
Y ella,
me deja ser el momento a través del cual yo imagino todo esto.
Me deja hablar con estas palabras que son suyas, 
que rebotan para siempre en los labios y en las manos, y suenan y suenan;
me oculta de lo que creo ser; me devuelve
con la cara estúpida, desencajada
haciéndome trizas la razón;
me trae austera,
llena de esperanza,
y no la miro porque no quiero amar ese fulgor que pronto será oscuridad,
no quiero atarme a su vértigo y que me deje desamparada,
cayendo sin remedio
en la órbita de su influencia.

domingo, 12 de abril de 2015

VII Cuarto menguante

Cuando te veo me gusta imaginar que vos también la buscas a Cesárea Tinajero,
que venís con el ánimo de arrastrarme hacia los negocios de las galerías antiguas
como si fuese un ritual que solíamos hacer en nuestra infancia,
y ahora no fuésemos más que niños comunicándonos con el lenguaje del asombro.
Y aunque nunca sé qué va a pasar, salvo esta desazón,
me gusta que retumbes en todas las paredes,
volver cansada del día
y tener que inventar estas letras para hacer que te vayas.
Abro mis ojos a la noche y vuelvo a pensar
en esos primeros besos entre rascacielos y sótanos,
sentada en una escalera, sobre el río,
 o en la esquina de una calle cualquiera después de tanto caminar.
Cómo me veo a mí misma desnuda sin conocer el cuerpo que visto,
absorta entre los objetos que te representan.
Cómo me vuelvo sola después de kilómetros de todo y nada.
Sigo la sombra de tus ojos,
sigo los pasos que me distancian de tu cuerpo.
Cuando cruzo se anula mi nombre,
y soy el pájaro y la jaula,
y me espanta lo fácil que es dejarse caer queriendo.
Y aunque sólo seamos estatuas o jardines roídos,
en nuestras bocas suceden tempestades en las que nos despegamos los rostros,
en las que nos alejamos de leernos con las manos,
y  nos damos el privilegio del adiós.
Me anticipo a preguntarme si lo que hay entre nosotros es crueldad,
pero tu letra me impugna,
me dice que no podrías contestarme con este viento,
no mientras lleve mis cuadernos como vicios,
como cosas bonitas en las que pretendo hacer del tiempo un concepto en desuso,
y por los que entiendo que todo lo que aprendemos con certeza del amor
son sus formas de destruirlo. 

viernes, 30 de enero de 2015

Post viaje

Devolverle al cuerpo
sus funciones,
sacarlo
del estado de alerta.
Devolverlo a la canción
que ya conoce.
Que se descubra las extremidades,
que vuelva a sus dolores
con la piel más curtida.
Devolverle al cuerpo
los rincones recorridos,
la necesidad de ser tocado como antes.
Abrigarlo al amparo
de lo que quedó suspendido.
Pero tajearlo, hiriendo,
dejarle el pecho abierto
y que dialogue
con esa mirada de mundos.
Que no pueda olvidar
cómo las bocas
pronuncian nombres
que cruzan las fronteras.
Y que lo dejen maltrecho,
anhelando con dulzura
que vuelvan las turbulencias,
y que sea posible
por un momento
que las historias
se encuentren en los cuerpos,
y que no se separen
aunque sean un punto en el mapa,
aunque crean
que esta realidad
de cosas conocidas
los moldea.
Devolver al cuerpo
al lugar del que nunca ha salido,
pero dejarle el gustito,
dejarle el pensamiento.

lunes, 27 de octubre de 2014

Pausa.

Las cosas
son así 
en esta tarde calurosa
de domingo.
Algunos durmieron 
pocas horas,
otros salieron a pasear.
Yo leo poesía
acá dentro,
y es de noche
o este limbo
de siestas suspendidas
me tiene 
un poco loca
pero tranquila.
Algunos tienen sexo,
otros trabajan.
Yo leo poesía
del milseincientos
y de vez en cuando
me inclino
por lo más cercano,
una mano que estiro
y la mirada que la sigue.
La gata duerme, 
las plantas
mueren de a poco.
Las cosas
tal cual las dejamos
hace algunas horas.
Las sábanas desechas,
y la historia en sí
como un cúmulo de conjeturas
que no entendemos
pero de las que hablamos igual.

lunes, 25 de agosto de 2014

Tu maldad no tiene sosiego.


La alegoría de los lenguajes

me llevó a esto que somos
cuando las gotas caen inútiles.
Pero yo sólo deseo
contemplar el mundo
de jardín a jardín,
a través de los cuales
yo te digo
y vos me escuchás;
a través de los cuales
los silencios tienen gusto 
al río que tenemos cerca, 
al jardín de vegetales
que así sin más
nos ve partir
sin saludarnos
sin asustarnos. 

domingo, 3 de agosto de 2014

Intervención homenaje

Estabamos menta y yo en una plaza en un día miércoles, hablando de la vida y la muerte, y lo que hay en el medio.
Salidas de un limbo, quizás,
queriendo saber por qué,
queriendo escupir palabras de amor y de odio, quizás ..

y resulta que menta tenía un libro de Juan Gelman en su mochila y decidimos armar un poema, de forma azarosa, con las oraciones que ya escribió alguna vez este poeta.


Esto fue lo que resultó.



La ficción de ser otra cosa.

En el viento y en el agua rauda conviene escribir:
es humo y no hay hoguera
para que el tiempo tenga rostro,
eso hiere al corazón irregular.

Corrigiendo la noche,

es una buena pregunta
¿a quién pertenezco yo?
¿Es la que te mira y no le queda nada?
La emoción contra la pared,
y nosotros, ¿qué hacemos?

La visión del alma con su vacío,

¿qué será ella para sus manos deformes?
Olor a sospechas podridas,
es más bella que su ser de rabia.

¿Qué hay adentro mío detrás de mi pared?

Quién falta al sueño que no tiene,
las procesiones de la memoria terrible
para decir que te amo,
que la noche sea eterna.

No importa que no sepas

la basura que el tiempo deja.
Hasta qué punto
navegar rostros en mi sangre
y bestias que gritan en su menor rincón.

En vez de uncirse en la crueldad,

escribe porque la vida lo escribe.


Supimos que ya no había más nada que decir así que guardamos el mate y nos fuimos.

¡Gracias Juan Gelman!